¡Oh Inmaculado Corazón de María!
el más amable y compasivo de los corazones
después del de Jesús,
Trono de las misericordias divinas
en favor de los miserables pecadores!
Yo, reconociéndome sumamente necesitado,
acudo a Vos en quien el Señor
ha puesto el tesoro de sus bondades
con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido.
Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza;
por esto os digo y os diré
en todos mis apuros y peligros:
¡Oh dulce Corazón de María,
sed la salvación mía!
Cuando la enfermedad me aflija,
Cuando la enfermedad me aflija,
o me oprima la tristeza,
o la espina de la tribulación llague mi alma,
¡Oh dulce Corazón de María,
sed la salvación mía!
