Oh! Señor, Jesús,
Nuestro Padre Jesús de Medinaceli,
que durante toda tu santa pasión y muerte
fuiste ridiculizado, calumniado,
detenido torturado y condenado
por el poder político y religioso,
por los mismos a quienes viniste a salvar
con la redención para toda la humanidad:
Padre mío Jesús de Medinaceli,
Jesús Nazareno sufriente,
tu que viviste un calvario de amargura,
no permitas que yo caiga en el mismo suplicio
y procúrame el respeto de mis semejantes,
que no me quiten mis logros
conseguidos con el esfuerzo diario,
que por envidias y malas lenguas
me humillen y degraden,
y mantenme a salvo en mi puesto de trabajo.
Ayúdame siempre, Padre mío,
pero sobre todo
en estos momentos tan difíciles de mi vida,
en los que crisis y escasez de trabajo,
hacen que sea tan complicado
conseguir el sustento diario,
propio y de mi familia.
