¡Oh! mi Santísima y Dolorosísima Virgen,
que tanto sufriste en la pasión y muerte
de tu amado y venerado Hijo:
¿Quién mejor que tú para comprender
mi angustias, mi sufrimiento y mi dolor?
Compungido, acudo a ti en tan difícil circunstancia,
porque todo lo he perdido
y ya no tengo manera de sostener a los míos,
solo mi fe en ti y en tu ayuda
puede hacer que se cumpla el milagro
que tanto ansío y necesito
cuando me encuentro vencido por las deudas,
agobiado por las necesidades,
deprimido y ya sin fuerzas para seguir luchando.
Tus inmensos siete dolores,
me hacen recapacitar sobre el sufrimiento
que atraviesa mi familia porque yo les he fallado,
mi trabajo y mis esfuerzos no han rendido lo suficiente
para poder hacerme cargo de los pagos pendientes,
y la justicia cae implacable sobre mí
hasta el punto de poder perder
las pocas pertenencias que nos quedan,
hasta la manutención diaria
se me hace dura e insostenible.
