Los anillos de plata son poderosos talismanes, portadores siempre de buenaventura y muy beneficiosos. Los mayores efectos se consiguen si se utilizan dos anillos, que pueden llevarse bien como pendientes, o bien ensartados en un cordón para colgarlos al cuello, o bien propiamente como dos anillos colocados en uno o dos dedos. Solo hay que utilizar un par de anillos, pues de lo contrario el talismán no funcionará en absoluto.
Estamos pues ante un talismán que limpia los deseos malsanos de la mente, evitando así el desgaste de energía, por lo demás inútil, que se produce cuando generamos pensamientos negativos y nuestro mundo interior está lleno de misterios y ruindades, envidia, celos, mentiras, afán de venganza...
Los anillos de plata también se llaman Aretes de la Luna, y fueron introducidos y utilizados por las antiguas tribus nómadas de cíngaros y romaníes que, durante el medievo, transitaron y trazaron los caminos de la vieja Europa, dejando la huella de sus costumbres y creencias por ciudades y pueblos, aldeas y villas, fortalezas y castillos, abadías y conventos.
Cada anillo representaba una luna robada por la noche cuando se reflejaba en las aguas tranquilas y transparentes de pozos artesanos, fuentes, ríos y lagos.